
Concibamos el concepto ontológico del yo-para- otros, hablemos sobre las máscaras y roles que uno adopta, la forma en que uno se presenta al Otro, este campo muy explorado y de forma interesante en el psicoanálisis de Freud y Lacan. Esta vez, nos alejaremos un tanto de una concepción psicoanalítica y trataremos, en este pequeño post, la cuestión desde un punto filosófico (un tanto sartreano) y a través de lo que presenta Ingmar Bergman en la película Persona.
Persona es una compleja película, está hecha con total libertad, es surreal, angustiante, confusa, malvada. Trata sobre el encuentro entre dos mujeres, Elizabeth una actriz famosa que se quedó muda en una obra y que se ha quedado en esa condición desde ese momento, y la otra Alma, una enfermera que deberá cuidar de Elizabeth. Esta indisposición de hablar, ya que no es algo físico ni psicológico, es importante para escudriñar en nuestro objetivo.
La doctora que atiende el caso de Elizabeth le explica su situación de este interesante modo:
" ¿Crees que no lo entiendo? El desesperado sueño de ser, no parecer, sino ser. En cada momento despierta, consciente, alerta. El juego del tira y afloja... quién eres tú con los otros y quién eres realmente tú. La sensación de vértigo y un hambre constante a ser finalmente expuesta. Ser vista a través, reducida... hasta desaparecida. Cada tono de voz una mentira. Cada gesto falso. Cada sonrisa una mueca. ¿Suicidarse? Eso es impensable. Tú no haces cosas así. Pero tú puedes negarte a moverte y estar callada. Entonces, al menos, no mentirás. Puedes cerrarte, cerrarte al mundo. Entonces no tendrás más roles que tomar, más caras que mostrar, más gestos falsos que hacer. Tú habrás pensado así... pero la realidad es diabólica. (..)"
Así se nos presenta, en la película el problema existencial y dentro de este el drama de los roles y las máscaras. Los hombres somos actores para cada situación, nuestra dinámica gira entre el yo íntimo y el yo social afirmaríamos con Freud. Elizabeth tiene el agregado especial de ser verdaderamente una actriz en nuestra sociedad, su trabajo es crear varios yo para los otros. Pero vayamos al problema, dónde esta la frontera entre lo que soy y lo que soy para los demás, existe tal frontera, cuán dramático y alienante es la comunicación con los demás para nuestro yo- para- uno. El filósofo Jean-Paul Sartre expuso lo siguiente en su vasta obra: uno esta constituido por lo que los demás piensan de uno, unas hipotecas sobre nuestra personalidad y uno esta condenado a definirse respecto a eso porque lo que yo soy para mi no existe, es una desgracia frente a lo otro. Es decir, uno se va alienando respecto al otro, el yo existente será un híbrido entre lo que yo pienso de mí y lo que los otros suponen de mí.
En Persona, Elizabeth pretende acabar con este vínculo callándose, no dejando de oír o mirar (digamos limitando los sentidos receptores) como sería lógico para evitar las imágenes provenientes de lo que sería el no-yo, y esto porque es la participación ( la acción) la que hace patente nuestro yo alienado, en el momento de hablar con alguien nos presentamos de una forma, antes, al parecer, sólo está nuestro yo para uno en nuestro lenguaje interior. Veamos el drama más de cerca, en uno mismo, cuando uno camina con sus amigos y conversan de tantas cosas, quién es uno, esa voz tuya, el otro que te habla, el otro que te escucha, nos diluimos. Ahí vemos el drama, en la alienación, en la masa práctico-inerte ( sartreana) que nos ralentiza y condiciona la libertad, está en nuestra cotidiana vida, en las conversaciones, en el desesperado sueño de ser.

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