domingo, 7 de octubre de 2007

La Novela como Paradigma de la Complejidad


El paradigma de la complejidad fue de alguna forma introducido a la discusión por el pensador francés Edgar Morin a lo largo de su vasta obra, que nos dirige a una nueva visión del mundo, la compleja. Esta forma de pensar sería la más adecuada para analizar la realidad, ya que no la mutilaría en pretensiones de simplificación, algo errado en esta realidad de por sí caótica, multidimensional, compleja. Morin ve este paradigma de complejidad como el reemplazante del paradigma de la simplicidad que ha estado como máximo regente del pensamiento moderno y en ese tiempo de dominio lo ha cegado por sus patologías propias: el idealismo, el dogmatismo y la racionalizacion; que rechazan lo real, la libertad y diversidad, y lo irracional de la realidad.

En su pequeño libro de ensayos recopilados, Introducción al Pensamiento Complejo, Morin nos relata como lo complejo ha empezado a presentarse, por necesidad, en las ciencias contemporáneas. La complejidad se hace necesaria de afrontar en los avances de la cibernética, la teoría de información, la teoría de sistemas y la teoría del caos; y anteriormente, se vislumbra con la cuántica, la relatividad restringida y general, y la entropía en la segunda ley de la termodinámica. En su primer momento, tratando de reducir esta complejidad y tratarla como algo despreciable ante la gran y simple ley, pero luego se ha tenido que, para hablar sobre la revolución en la teoría de sistemas, entrar a la caja negra – eminentemente compleja - y no solo limitarse ha analizar la entrada y salida de información.

Sin embargo, podemos afirmar que esta contemplación de la existencia compleja ya se realizaba desde hace varios siglos en un campo un tanto opuesto a las llamadas ciencias exactas y físicas, en el mundo de la literatura y en especial el de la novela.

El filósofo norteamericano Richard Rorty¹ contrapuso a la pretensión teórica, simplificadora, estructurada y abstracta, típica de los “sacerdotes acéticos” de los que se queja Nietzche, la sabiduría de la novela, que está revestida de la complejidad, el detalle, el accidente y la diversidad. Este saber de la novela, es decir, la esencia de la novela esta en desentrañar los códigos de la existencia humana², en explorar las tantas posibilidades humanas, su dialéctica y fluir, todo esto hiper-complejo. Esto lo afirma Milan Kundera con esta categórica expresión en su libro de ensayos El Arte de la Novela: “Cada novela dice al lector: “las cosas son más complicadas de lo que tú crees”.

La novela es clara opositora del paradigma de la simplicidad porque esta hecha de material completamente distinta a este, por ejemplo, las patologías que identifica Morin al pensamiento no-complejo, el idealismo, el dogmatismo y la racionalización son burladas por la narrativa desde Cervantes hasta Kafka.

Kundera nos menciona otra característica de la novela en la relatividad esencial de los asuntos humanos frente al pensamiento unilateral que ha caracterizado al pensamiento moderno ilustrado:

“el hombre desea un mundo en el que puedan distinguirse con claridad el bien y el mal, pues tiene el deseo innato e irreprimible de juzgar antes de comprender. Las religiones y las ideologías se basan en este deseo… exigen que alguien tenga razón: o bien Ana Karenina es victima de un tirano de miras estrechas, o bien Karenina es víctima de una mujer inmoral; o bien K. es un inocente aplastado por un tribunal injusto, o bien el tribunal representa la justicia divina y K. es culpable.

Este “o… o” encierra la incapacidad de tolerar la esencial relatividad de las cosas humanas, una incapacidad de tolerar la ausencia de un juez supremo."

De este modo, gracias a Kundera, podemos observar como la historia de la novela es por ontología una historia de la exploración de la existencia humana, del “in der Welt sein” que nos mencionaba Heidegger. Es la historia desde el Quijote de la Mancha en esa aventura jalada de los cabellos; de Flaubert en medio de lo cotidiano; de Dostoievsky y Stendhal en la aproximación psicológica; de Joyce con esa corriente discontinuamente organizada que es el pensamiento; de Unamuno con esa vida brumosa, esa niebla donde convive lo racional con lo irracional; hasta esa narrativa Kafkiana que lleva al límite entre lo onírico y material esta exploración, inagotable, de la compleja existencia del hombre.




¹ En "Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos"

² En Milan Kundera "El arte de la Novela"