lunes, 4 de febrero de 2008

Dos huellas de Kafka



El Paseo Repentino


Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.

"Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va."


La Partida

Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:

-¿Hacia dónde cabalga el señor?

-No lo sé –respondí-. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.

-¿Conoce, pues, su meta?- preguntó él.

-Sí –contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, esa es mi meta.




martes, 29 de enero de 2008

No direction home: apuntes sobre Dylan



Bob Dylan es, casi, mi artista favorito, su poesía y música siempre las considero como una gran influencia. Su historia parece signada por un eterno cambio, una dialéctica de traiciones y(e) (in)evoluciones, saltos paradójicos, pero que al final nos muestran un arte muy difícil de ser equiparado. Trazo la siguiente comparación, Milan Kundera, en la Insoportable Levedad del Ser presenta al personaje Sabina quien era definida porque ella siempre trataba de cambiar, de no encariñarse con los lugares ni con las cosas ni con las personas, de ir de traición en traición; en esa posibilidad de la existencia que nos ilustra el autor checo veo a Bob Dylan y su complejidad, él siempre trató de imponer su ser a esa imagen de él que los otros concebían y le imponían, de romper el compromiso con ese Otro, de desafiarlo y desconcertarlo.

Ese conflicto, que en Bob Dylan es una apoteosis de mensajes y melodías geniales, se presenta de muy buena forma en el documental No Direction Home hecho por Martin Scorsese, donde se observa la vida de Dylan hasta el 1966, cuándo tiene el famoso accidente de motocicleta. Esa época (60') es para mi el mejor escenario para ver su vida - a pesar de que sus traiciones continuaron más allá de esa época - y esto es quizás porque era el mundo entero el que empezaba a agitarse de una manera nunca hecha antes, y Dylan de un modo (su época folk) u otro (su cambio a eléctrico) lo expresaba de forma genial.

Sin embargo, el compromiso al que no puede escapar Dylan es tal vez uno positivo a pesar de todo, es la condena a la imborrable que confiere la escritura (y la música). El hecho de haber compuesto canciones como Blowin’ in the Wind, The Times they’re a-changin’, A Hard rain a-gonna fall, que fueron cantadas y escuchadas por todos lados, no podrá hacer que se olvidé esa época (ni cualquier otra, aunque yo quiero que se olviden los del 80’) aunque él quiera.

Me gustaría hablar más de Dylan, más que todo de su música, ya que estás hermenéuticas a la persona nunca me agradaron del todo, pero bueno, tenía ganas de postear algo y todo esto apareció flotando en el viento.