jueves, 30 de agosto de 2007

Alphaville, ciencia y poesía con un poco de Gemma Maley y las novelas distópicas


Hace unos días vi la película Alphaville, dirigida por el genial realizador francés Jean-Luc Godard y protagonizada por Eddie Constantine - en su conocido papel de Lemmy Caution - y la siempre presente Anna Karina.

La cinta, una polimerización perfecta entre la ciencia ficción distópica de tintes Orwellianos y el film noir, pero más como una sátira detectivesca que la de un clásico detective hollywoodense. Esta nos muestra una ciudad (o planeta) dirigida por una implacable maquinaria que suprime todo lo humano y crea una sociedad donde la poesía y sentimientos son ilógicos y por lo tanto castigables. Es la realización de un "paraíso" tecnócrata, el único sentido de la vida es la lógica matemática, ecónomica, donde llorar por otro es causa de pena de muerte. Resemblanzas al nazismo y a la guerra fría. En medio de ese paraje, se inserta el agente secreto Lemmy Caution, presentándose como un periodista del Figaro-Pravda - al parecer una graciosa fusión del diario francés conservador y el soviético. Lemmy descubrirá el ordenamiento del Alpha60, la mencionada maquinaria que rige la ciudad, y ante la amenaza de su expansión hacia los países exteriores deberá destruirla.

Es en este contexto donde Jean-Luc Godard nos presenta esta lucha entre la ciencia y el amor, la lógica y la poesía, vemos varios interesantes diálogos donde surgen estas cuestiones, conversaciones entre Lemmy Caution y Natascha von Braun y el enfrentamiento entre Caution y el Alpha60 en los interrogatorios. En estos interrogatorios, Lemmy Caution frente a una especie de detector de mentiras, que no deja escapar ningún hecho, que sabe cuando es sí y cuando es no al igual que sabe cuando es 0 y cuando es 1, responde con un lenguaje poético que desconcierta a la máquina. Godard entonces nos presenta un límite epistemológico de las ciencias, de la lógica matemática, el punto, donde en su pretensión de analizar lo humano se pierde en variables caóticas e incodificables. Luego, con el uso de la poesía también, Caution logra entrar, por así decirlo, al corazón de Natascha Von Braun, que había sido re-educada por la lógica del Alpha60.

Es por este manifiesto, para mí una de las mejores producciones distópicas hechas, y ya que estamos hablando de distopías, en el diario inglés The Guardian salió un top10 de las mejores novelas distópicas para jovenes elaborada por la autora (de novelas distópicas también) Gemma Maley. Es una lista interesante y nos puede servir como guía de lectura en caso de no haber leído alguna.

Gemma Malley's top10 dystopian novels for teenagers


1. 1984 by George Orwell

The original and best - who can forget Winston in his fight against the machine of authoritarian government? This book stayed with me for years after I read it and probably informed many of my political views today. Big Brother, Room 101, the Mind Police - all brilliantly realised and wonderfully narrated, right up to the chilling end.

2. Brave New World by Aldous Huxley
Dystopia or utopia? A brilliant riposte for those who consider pleasure-seeking to be their only aim in life, and a terrifying glimpse into a perfectly ordered future.

3. The Handmaid's Tale by Margaret Atwood
I love this book. It is compelling in its detail and its too-real depiction of a post-nuclear world where fertile women are used as breeding machines. Dystopian books work best when there is a logic to the horror. Margaret Atwood paints a world that is utterly imaginable and that's why it's so powerful.

4. How I Live Now by Meg Rosoff
A new classic, with one of the most original voices I've read in a long time. This book tells of love and loss and of finding peace in a war-torn world.

5. A Clockwork Orange by Anthony Burgess
Not for the faint hearted, A Clockwork Orange has become infamous because of Stanley Kubric's film version. But the book is definitely worth a read and has huge resonance today. Once you get to grips with the Nadsat slang, it's a thrilling - if abhorrent - tale of gang violence and rehabilitation that explores free will and what it means to be an individual.
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domingo, 26 de agosto de 2007

Faustine y la recurrente cuestión del amor imposible.




Para quienes han leído la Invención de Morel, la corta novela de Adolfo Bioy-Casares, sabrán sobre esa enigmática isla perdida en el océano, último refugio para un fugitivo de la justicia, pero que su rareza es exponencialmente mayor a lo que cualquiera pudiera suponer ya que es hogar de unos espectros que viven en el eterno retorno gracias a la tecnología de Morel.

Tenemos dos cuestiones, la mirada confundida y temorosa del enamorado fugitivo y la obra faustica de Morel, en su búsqueda de la inmortalidad, aunque el coste sea, curiosamente, la propia vida. Aunque sabemos que al final está dantesca empresa de Morel tenía el mismo centro que la veleidad del fugitivo, el amor de Faustine, la hermosa gitana que gustaba de ver el atardecer.

Dejando un lado las discusiones del ser en la espectrografia, lo monstruoso del espejo, la desesperante multilocalización, y las erudiciones foucaltianas de similitud y semejanza, todas estas que se pueden tratar muy bien teniendo a esta novela como referencia.

Espero tratar sobre el amor que parecía sentir nuestro anónimo protagonista hacia la enigmática Faustine cuando la veía leyendo un libro sentada en las rocas frente al mar. Paradigma, quizá, del amor imposible, ya que, como sabemos al terminar la novela, Faustine no era más que una repetitiva sombra, todos los sueños de amor solo estaba en la mente del Fugitivo. En síntesis quiero referir que en La Invención de Morel se nos presenta, con una sutileza y complejidad, la cuestión del amor imposible, que esta tan presente en lo sentimental de nuestra sociedad.


1. El Jardincito y el hacerse notar.

El Fugitivo, para que Faustine, que en su elevada posición de amada imposible, repare en él se disponé a hacer un pequeño jardincito cerca de las rocas donde ella se pone a leer todos los días. El Jardincito se marchita, ella lo ignora, él hasta lo acepta, nada extraño hasta ese momento, es solo la recurrente cuestión de los problemas en el amor.

2. Celoso de Morel, el falso tenista

Faustine conversa con un tipo desconocido, vestido como tenista, hablando un buen francés, "como sudamericanos" nos dice el Fugitivo. Es inalcanzable, pero es intolerable que alguién como ese tal Morel trabe una conversación con ella, eso es insoportable.

3. La Revelación y el Prefiero la Muerte que perderte

El Fugitivo pierde - de momento - a su Faustine, ya no la contempla, no hay mareas, las imágenes no se proyectan, eso es peor que la muerte. Pero, más terrible es la revelación de que al ser esa imagen que aparece y desaparece Faustine ha muerto, de alguna forma su alma se capturo en la foto y su cuerpo se murió, como Morel y los demás. Lo único que le queda al Fugitivo de Faustine son esas imágenes, ante esto el prefiere guardar una apariencia en la cuál él estaría en el mismo plano temporal que Faustine, el moriría por esto, pero eso no importaba para él, para todo el mundo que llegará a esa isla, él y Faustine se conocieron y tal vez se amaron.