sábado, 17 de noviembre de 2007

Las fotografías son el infierno

Ante no tener nada que escribir en este mi abandonado blog, recurrí a tratar de hablar sobre mi fobia a la fotografía, texto fácil que me servirá de distensión. El tema me vino por dos motivos, un poema de José Watanabe (poeta peruano muerto reciente) y percatarme de como les gusta las fotografías a amigos mios. Dejo el poema que es genial.

Este señor insistente, conciente de su poder,
me dice: relájese, mire a través de la ventana,
coja el libro, finja que lo lee, perfecto.

Más tarde, en su laboratorio, después de que la luz
imprima el papel fotográfico
empezaré a asomar tenuemente, lentamente
en la bandeja del ácido revelador.
Este señor me llamará con los sortilegios de su oficio
y yo apareceré
como él espera que aparezcan todos los poetas:
maricas mirando en lontananza
o angelotes ensimismados en las bellas letras.

¿Y si en la soledad del laboratorio, de pronto,
sonara la voz de otro poder, más terrible,
y me ordenara
que no me detenga en mis facciones, que siga
revelándome
sin detenerme
hasta mostrar las simas de mi carne, mis células,
mi entramado más íntimo?

¿Sólo el pálpito inicial de donde vine
quedará temblando sobre el papel negro?

José Watanabe


Me pregunto. ¿Por qué aprehendo mi imagen fotografiada (y el saber que tras ese flash saldrá algo parecido) como algo odioso? Creo que es debido a que no soy fotogénico (o no soy como me creo que soy) y esto es lo principal, lo estético-social, lo que sigue tal vez es una pretensión de suavizar esta primera tautología desgarradora. La otra razón, más metafísica, es la que traen todos los espejos, que son las fotografías, las superficies reflectoras y los Otros. Sí, en las fotografías (y en los otros espejos) veo un objeto con forma de hombre, lo único que se le destaca es su cosidad (como diría Heidegger) porque es materia y forma, un ente. Las fotografías me revelan bruscamente, mientras creo ser, un ente al que no puedo considerar ajeno. Dudo que sea el problema del cuerpo y alma, tal vez es el problema de ser una tercera persona que siempre desprecia a ese objeto que está en ese papel Kodak, y que se topa con un doloroso vacío al ver que es su fotografía, su reflejo. Del mismo modo con los otros, ellos me ven, estoy reflejado, fotografiado en su retina y soy un objeto que trasciende a su conciencia. Como relataba Sartre: soy como alguien que observa absorto a través de una puerta entreabierta lo que sucede en el dormitorio cuando aparece de repente alguien y que me observa, una tercera persona. Es la experiencia primordial de la vergüenza. Tal vez de esta forma reconcilio las dos razones que mencioné sobre mi fobia a la fotografía, la idea de que la fotografia es el sentimiento pleno de vergüenza.